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PUÑO 2

jason_statham_by_n4dka-d31rm1qRELATO II

un relat de Jacint Casademont

correcció a càrrec de Marta Cañigueral

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un bar. Una mesa escondida en un oscuro rincón.

-¿Qué te parece?

-Poco.

El Gordo extendió los brazos, entre indignado y ofendido.

-No me jodas. Te pasas el día quejándote. Pareces mi difunta abuela.

-Si no me preocupo por lo mío nadie lo hará. O subes mil o te largas y tan amigos.

Permanecieron unos segundos sin moverse. Allí sentados. Nadie pensaba ceder a las primeras de cambio.

-Quinientos. Ni uno más.

-Ha sido un placer. Supongo que no hace falta que te acompañe hasta la salida. Y ya que te vas, pídeme otro de estos-le dijo Puño haciendo tintinear el hielo de su vaso vacío.

-Hijo de puta…

-Ah, y saludos a tu esposa.

-Eres un hijo de puta…

El Gordo se levantó. Del bolsillo de la americana sacó un buen fajo de billetes. Contó diez, con los que golpeó la mesa.

-Como la cagues te hundo la vida.

-Descuida.

La mole dio por zanjado el trato y se fue balanceando sus quilos hasta la salida. Puño se guardó el dinero en el bolsillo trasero del pantalón. Por fin la suerte parecía sonreírle, aunque fuera mellada y bizca.

La albóndiga que acababa de irse era Alfredo Bosch, uno de los más importantes y respetables empresarios de la ciudad. A sus cincuenta años tenía una imagen impecable, con cuentas saneadas, felizmente casado y una hija con carrera haciendo las Américas. Pero los menos ignorantes sabían la verdad. Aquel fanegas hijo de puta estaba metido en trapicheos de drogas y tenía a medio Ayuntamiento sobornado. A pesar de tener el coco suficiente para mantenerlo todo bajo control, se le rebeló el pito colándose bajo las faldas de una chavala. Después de dos años, no sólo abriéndose de piernas, también de orejas, la pequeña había decidido asegurarse un buen futuro chantajeándole. Antes de que cumpliera las amenazas, la emprendedora merecía un buen susto y le habían escogido a él para hacerlo.

La cosa era fácil: asustarla sin ponerle la mano encima. Recordarle que ir esparciendo mierda tiene sus consecuencias, no sólo para ella, sino también para su familia.

Una horita de trabajo a cambio de seis mil. No estaba nada mal.

Decidió celebrarlo con otro trago. Al primer sorbo un escalofrío le recorrió la espalda. Algo iba mal. Lo sabía, pero prefirió ignorarlo. En trabajos así de simples, mejor no pensar.

*****

A las siete y media aparcó en la acera, enfrente del gimnasio. Con la poca luz que regalaban las farolas repasó de nuevo la foto. Mónica era una más entre el montón. Dabas una patada y te salían mil como ella. Labios hinchados, cejas demasiado depiladas, maquillaje chillón y tetas operadas. Aunque, para qué negarlo, se la follaría con ganas.

Ya llevaba medio paquete fumado viendo salir a los clientes del centro. Todos recién duchados y cargados con sus pijas bolsas de deporte, contentos de pagar por sudar. A eso y a comer sin sal ahora le llamaban vida sana. Patético.

La ocho y pico. Se apagaron las luces del local y el cartel de entrada. Al poco salió Mónica encendiéndose un cigarrillo. Mientras la persiana metálica empezaba a descender chirriando, Puño aprovecho para acercarse a ella por la espalda.

-Eh, tú.

Se giró. Lo que le faltaba, el novio pastillero que espera a la churri a la salida del curro.

-Lárgate, chaval. Esto no va contigo.

Mónica no entendía nada. Se quedó allí plantada fumando y esperando a ver qué.

-Ni se te ocurra tocarla o te reviento la cara. Calvo de mierda.

El tirillas con peinado a lo cenicero estaba un poco ido. Era mejor pararle los pies antes de que complicara las cosas. Optó por la vía rápida. Hizo un movimiento de caderas para despistarle y con un gancho rápido lo tumbó al suelo.

-Lo has matado- dijo la chica arrodillándose a su lado.

Puño no tenía claro si era una pregunta o un lamento.

-Tenía que hablar contigo y el tipo estorbaba-la cogió por el codo y la levantó.- Tranquila, volverá en sí en unos minutos.

-¿Seguro?

-No es el primero al que tumbo.

Mónica se encendió otro piti temblando.

-¿Piensas violarme?

-Si pagas bien quizás. Pero vengo por otro tema. ¿Invitas?

La chica le ofreció un cigarrillo y se lo encendió. Se la hubiera cepillado de buena gana allí mismo. Pero el trabajo es lo primero.

-Vengo de parte de quién tú ya sabes. Empieza a estar un poco harto de tus jueguecitos. Con lo que te ha dado ya tienes más que suficiente. Ahora deja de joderle y los dos saldréis ganando.

-Mira, se lo tiene merecido por cabrón. Si no hubiera engañado a su esposa nada de esto hubiera pasado-le contó haciéndose la ofendida.

-Seré franco. Vuestros rollos me sudan la polla. Yo no soy consejero matrimonial ni ninguna pollada de esas. ¿Ok? Pajas mentales a otro. ¿He sido claro?

-Ok.

-Total, quédate calladita y no te pasará nada. Si vuelves a joderle, él hará lo mismo contigo y, de rebote, con los tuyos.

-Entiendo. No soy gilipollas.

-Así me gusta, que tengamos la fiesta en paz.

Se acabaron el cigarrillo en silencio. Puño decidió que ya era hora de irse para casa.

-Nos vemos.

-Eh, espera-la chica se plantó delante de él.- Christian aún no se ha despertado y no puedo cargar con él yo sola.

Puño se agachó. Al chaval se le había hinchado el ojo. Además tenía el pulso bastante flojo. Temió haberse pasado con la fuerza. Malditos gallitos que no aguantan ni media hostia.

-Te acompañaré al hospital. Nada grave, pero mejor que le echen un vistazo.

Se lo cargó a la espalda como un saco de patatas. Condujo hasta urgencias con la parejita en el asiento de atrás. Aquello estaba infestado de polis. Prefirió no complicarse la vida.

-Te dejo aquí.

-Yo no puedo cargar con él hasta dentro. Pesa demasiado.

-Llama a unos enfermeros para que te ayuden.

-Tengo una idea mejor.

Puño oyó abrirse una de las puertas de atrás, y después de un par de gruñidos de esfuerzo un peso muerto cayó en el asfalto.

-Venga, arranca antes de que te tomen la matrícula-le pidió después de dar un portazo.

Arrancó de inmediato y se perdió entre los otros coches.

-¿Dónde te dejo?

-¿Dónde vives?

-No tengo nada para cenar.

-Creo que podremos apañárnoslas.

tumblr_menh744XcB1ql9ocuo1_500Subieron al cuchitril de Puño. No encendieron las luces. Sólo cerrar la puerta, ella ya estaba buscándole la boca desesperadamente. La trajo hacia él y le desabrochó el sostén, que salió disparado por el par de tetas que calzaba. Se las sobó babeante. Eran un par de globos artificialmente redondos. Ya con el pantalón a punto de estallar la empotró contra la pared y con una sola mano le bajó los tejanos hasta los tobillos. Mónica fregó su mejilla contra el frío muro esperando impaciente el primer embiste. Puño le apartó el tanga para acariciarle el coño completamente empapado. Por sorpresa le metió toda su erección hasta lo más hondo, aplastándole todo su diminuto cuerpo. El gemido que brotó de los labios de ella fue el pistoletazo de salida para empotrarla rítmicamente, cada vez más rápido.

Ella acabó corriéndose un par de veces allí, de pie. Él no acabó hasta que ella se la chupó ya tumbados en la cama. Después del cigarrillo, no tardaron en dormirse.

 

*****

Nada más despertar supo que algo iba mal. Olía a óxido. Miró a su lado. Encharcado en sangre, el cadáver de Mónica. Alguien se había colado allí mientras dormían y le había dado matarile. Por suerte él aún estaba vivo. ¿Pero por qué?

Se tomó una larga ducha fría para aclarar las ideas. Lo mejor era dejar el fiambre allí. Recogería lo imprescindible en un par de bolsas y se largaría del piso para siempre. Le tocaría pernoctar una temporada en el coche.

Sabiendo que el cuerpecito estaba relleno de su ADN, lo manejó sin demasiados miramientos. La habían apuñalado un par de veces en el vientre. Debió tardar unos minutos en morir desangrada. Un trabajo feo, poco profesional. Era extraño que él no se despertara con el alboroto que debió montarse. Curioso que no le hubieran tocado ni un pelo a él.

El sol empezaba a despuntar. Era hora de irse. Condujo hasta un bar cerca de la estación, de los primeros en abrir de la ciudad. Sentado en la barra, frente a un café bien cargado, empezó a sacar conclusiones.

A él no le habían hecho nada para cargarle el muerto. Que no se hubiera despertado no era muy normal, y más teniendo en cuenta el sueño ligero que siempre había tenido. Debían haberle drogado. ¿Cloroformo? No. Se miró los brazos y dio con lo que buscaba. En su bíceps derecho un diminuto puntito rojo. Le habían inyectado un sedante. Misterio resuelto. Ahora quería un culpable a quien reventarle los morros.

*****

El ascensor abrió sus puertas. Los pesados pasos de Bosch resonaban por el suelo de cemento. Su BMW le esperaba al fondo. Siempre le ponía de los nervios aquel trayecto de pocos metros. Le aterrorizaba pensar que alguien apareciera de la nada entre los coches. Pero tranquilo, en todos esos años nunca había ocurrido. Hasta ahora.

-Me jodiste. No me gusta que me jodan.

Al Gordo se le escapó el maletín de entre los dedos y los papeles se escamparon por el suelo.

-¿Qué…qué ocurre?

Puño salió de detrás de una columna.

-Lo sabes bien. No tenías porque matarla, y menos aún utilizarme a mí para cargarme la mierda.

-No sé lo que me estás con…

Al dar un paso hacia atrás perdió el equilibrio y dio con su culo de lleno contra el duro suelo.

-Ahora me dirás que no fue cosa tuya.

-Te lo juro por Dios. ¿Qué ha ocurrido?

Puño se lo explicó con pelos y señales. Se recreó en el momento sexo sólo para joderle.

-Total, que si no es cosa tuya, hay alguien que se ha visto amenazado. El tío se ha asustado y ha dado un primer paso sin esperar demasiado.

-¿Pero quién?

-Tú sabrás. Pero cuando lo tengas claro avísame: quiero darle un regalito en persona. A mí las pelotas me las tocan las putas que yo decido, nadie más.

Mientras Bosch intentaba ponerse en pie, él aprovechó para largarse en silencio.

*****

Descartado el Gordo, quedaban demasiados sospechosos. Gastar mucho tiempo dándole vueltas le pareció infructuoso. Una pérdida de tiempo absoluta, vamos. Teniendo un buen fajo de papeles en el bolsillo, era mejor esperar y relajarse.

Para liberar tensiones decidió ir al local Sweet Lady’s. Entró al anochecer. Cinco whiskys, dos rubias y una mulata, y un par de gramos después, salió a la vez que amanecía, rendido y con ganas de reposo. Aparcó el ajado Peugeot en el interior de un fábrica abandonada. Reclinó el asiento y no tardó en arrancar los primeros ronquidos.

Despertó a mediodía con un hambre descomunal. Fue andando hasta la tasca de Paco, cerca del centro. En poco menos de una hora se zampó una barra de pan, una sopa de cebolla, una ensalada y un entrecot con guarnición; todo regado con una botella de tinto y un flan de postres. Ya carajillo en mano, la televisión captó su atención.

-Según un comunicado que acaba de llegar a la redacción se ha encontrado el cuerpo sin vida del empresario Alfred Bosch en su casa. Las primeras hipótesis apuntan a causas naturales. A medida que se vaya ampliando la información se lo comunicaremos puntualmente. Ahora seguimos con toda la actualidad cultural…

Mierda. Demasiada casualidad. Aquello pintaba realmente mal.

-Paco, ¿me dejas hacer una llamada?

*****

Quedaron a eso de las ocho en el descampado de detrás de la fábrica de talco. Antonio se presentó en su coche y sin uniforme.

-¿En qué lío te has metido ahora?

-Yo qué sé. La cosa se ha liado sola y no tengo ni puta idea de qué va.

Se tomó su tiempo para contárselo, e intentó no olvidarse absolutamente de nada.

-Lo que saco en claro es que se trata de alguien importante y que se ha asustado. Tenía miedo de que sus chanchullos con Bosch salieran a la luz.

-No te jode… A eso también he llegado yo solito. Lo que quiero saber es «quién».

-Vete a saber. Ahora que ya ha hecho limpieza, desaparecerá.

-A mi nadie me pincha, me intenta colgar el muerto y se marcha de rositas.

-Pues ya me explicarás cómo damos con él.

-Con tu ayuda.

-¿Qué?

*****

Un par de horas después, un anónimo denunciaba un asesinato en un piso. La policía encontró el cadáver de Mónica, que ya empezaba a descomponerse. Empezó la investigación oficial. Según los medios, se relacionaba a la joven con la muerte del empresario. Las huellas dactilares les puso sobre la pista de un sospechoso habitual con un historial de varias páginas. Tres días después una patrulla de paisano detuvo a un tipo que intentaba atracar una gasolinera. Casualidades de la vida era él, el asesino de la chica y el empresario.

El trayecto hasta la comisaría más cercana se hizo eterno. Los agentes, con la vejiga llena, se saltaron el protocolo y pararon en una zona de descanso de la autopista para mear, dejando solo y esposado en la parte de atrás a Puño. No tardó en aparecer una furgoneta negra de la cual salieron un par de armarios roperos que taparon la cara al detenido y se lo llevaron para dentro. Se largaron derrapando. Uno de los policías se sacudió la polla mientras los veía alejarse. Ya seco, fue hasta la radio para comunicarse con sus compañeros.

-Han picado. Seguidles.

Por el olor del aire Puño supuso que estaba cerca de la costa. Cuando le quitaron la capucha descubrió que tenía razón. Le habían sentado en la terraza trasera de un chalet. Se giró un poco. A su espalda una piscina. A su derecha, a unos pocos quilómetros, la playa. Bajo el porche, una rubia de treinta y tantos con biquini negro sorbiendo un cóctel mientras tomaba el sol.

cauleyadd-417-¿Te gustan las vistas?

Ah, y a ambos lados, un par de gorilas sin gracia.

-La verdad es que sí. Si queréis podéis bajarme la cremallera y meneármela un rato.

El comentario no les hizo mucha gracia. Se lo recompensaron con un puñetazo en toda la mandíbula. Puño lamentó no poder apuntarse al intercambio de golpes.

-Si os da cosica, podéis hacérmelo con la boca, mozos.

Antes de que el brazo del musculitos cogiera carrerilla para un segundo impacto, apareció un hombrecillo canoso tapado con una bata de seda de toque oriental.

-Es usted un hueso duro de roer.

-Me lo tomaré como un cumplido.

 

Los esbirros se apartaron. El hombrecito tomó una silla y se sentó frente a Puño. La rubia se quitó un momento las gafas de sol, observó el panorama y volvió a ponérselas. El espectáculo aún no era suficientemente entretenido para ella.

-Sabe, le admiro, y aún no sé ni su nombre.

-Estamos empatados, pues.

-He escuchado que algunos le llaman Puño. Es un apodo muy original.

-¿Le gusta? Se lo doy. Usted me desata y yo se lo regalo.

-Veo que no pierde el sentido del humor.

-Y yo que usted es un brasas. ¿Me ha secuestrado sólo para darme la chapa?

-No, no. No se engañe. Le he traído para matarle.

-Pues lo está alargando que no veas. Yo tuviera una tipa así -dijo Puño señalando con la barbilla a la mujer- y lo haría todo rapidito para tener más tiempo para calzármela.

La tipa le escuchó. Se giró un instante y le obsequió con una discreta sonrisa.

-De acuerdo. Si su última voluntad es que acabe rápido con esto no le defraudaré. Pero dígame, ¿no quiere saber quién soy o por qué quiero matarle?

-En prime lugar, mi última voluntad sería fumarme un piti. Pero aún falta bastante para eso. En segundo lugar, si no recuerdo mal, usted es Martín Gómez, Regidor de Cultura del Ayuntamiento.

-Veo que está al día.

-Me gusta estar informado. Me pasaría el día leyendo el periódico e hinchando caras a hostias. Pero al tema: supongo que quiere matarme porqué está cagado. Se giñó con Mónica y la mató, temía que explicara a la prensa lo suyo con Bosch. Ya muerta se giñó de nuevo, pensó que ahora podría ser Bosch el que se fuera de la lengua. Lo mató. Y ya puestos, y para cortar la diarrea, piensa que mejor también darme matarile a mí. ¿Me equivoco?

-Espero que entienda que no es nada personal.

-Claro, lo entiendo. Lo que me jode es que intentara colgarme la muerta a mí. Por eso sí que no paso.

-Vaya, siento haberle molestado.

-Tranquilo, me vengo y en paces.

El canoso estalló en una carcajada.

-Ya me explicará cómo, querido amigo. Está esposado, vigilado por dos tipos armados y lejos de cualquier mirada indiscreta. ¿Cómo piensa montárselo?

-Coño, pues soltándome.

Puño se levantó de un brinco con las manos libres y se situó detrás del hombrecito. Antes de que los policías-gorilas pudieran dar un solo paso, se sacó una navaja de la manga y presionó la nuez del hombre.

-Venga, chavales. Juguemos a un juego. He visto vuestras bonitas pipas. Se trata de cogerlas con la punta de los dedos, dejarlas en el suelo y mandarlas para aquí con una patada. Fácil, ¿verdad?

Los chicos fueron obedientes. Puño dio un puntapié a una de las pistolas para mandarla al fondo de la piscina. La otra la recogió del suelo y sin tiempo a reacción alguna disparó a las rodillas de los gorilas. Se desplomaron inmediatamente retorciéndose de dolor.

-¿Cómo narices has podido soltarte las esposas?

-¿Cómo habéis sido tan imbéciles de creeros que unos policías me dejarían solo en la parte de atrás de un coche? Hasta un subnormal vería que era una trampa. ¡Gilipollas!

Un par de balas más reventaron los pies del canoso. Dejó que chillara a gusto sin interrumpirle. Simplemente le observó un rato contorsionándose en el suelo. Cuando se hartó, lo fue empujando con la punta del pie hasta hacerle caer al agua. Mientras el viejo chapoteaba se acercó a su nuevo objetivo.

-Hola -le dijo a la mujer del biquini negro.- Siento mucho lo de su…

-Esposo. Y descuide, empezaba a estar un poco cansada de él. Ronca mucho. Y le huelen los pies.

-Vaya. Mala elección pues -repasó la piel tostada de la mujer.- Me preguntaba si podría enseñarme dónde está el baño. Quiero ducharme antes de que llegue la policía. Ya sabe, estar un poco presentable.

-Mejor le acompaño, es difícil de encontrar. Es una casa muy grande. Y además, creo que a mí también me apetece una ducha.

-Podemos matar dos pájaros de un tiro y hacerlo juntos. Para ahorrar agua y todo eso. ¿No le parece?

-Será un placer fregarle la espalda; o lo que haga falta.

La policía llegó al poco tiempo y se encontró a tres hombres aullando de dolor, una piscina teñida de rojo y una sintonía de gemidos de placer de fondo.

-Bendito hijo de puta -sonrió Antonio.

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